lunes, enero 27, 2014

Por todos los desconocidos que lloraremos

Tengo en uno de mis viejos diarios los nombres de todos los niños y muchachos por los que lloré, por lo menos hasta los 18 años. A todos los conocí poco o no los conocí, pero todas las lágrimas fueron legítimo llanto de amor y de corazón roto, de peligro de muerte.

Lloré cuando mi amor platónico de la adolescencia se casó en una kermés con su novia de la escuela. Para entonces lo único que conocía de él era su nombre.

Lloré cuando en el día del niño de 1991 Erik le dijo al niño feo ese cuyo nombre no recuerdo que yo no le gustaba. Luego me hiperventilé y terminé confesándole a un doctor que toda mi crisis era culpa de la indiferencia de Erik, mi compañero en 2º C.

Nadie puede discutir la validez de esas lágrimas porque salieron por puro y genuino sufrimiento, aunque esos niños y muchachos ni se hayan enterado, en el peor de los casos, de mi existencia.

En términos formales nada me dejaron, más que episodios fantasiosos frente al espejo donde practicaba conversaciones de diferente naturaleza: la primera vez que hablaríamos, la ocasión en la que me pedirían que fuera su novia, el primer beso, y un largo etcétera de cursiladas que mantenían mi enamoramiento fuerte y macizo como cemento seco.

También lloré cuando supe de la muerte de Luis Carlos Santiago, un fotógrafo que estaba haciendo prácticas profesionales en El Diario de Juárez y fue baleado en el estacionamiento de un centro comercial. De él no conocí ni su rostro. Tiempo después, el papá del amigo con el que iba cuando lo asesinaron me habló en una entrevista de él. Y le volví a llorar.

Hoy que murió José Emilio Pacheco volví a pensar en que Fernando del Paso ya está muy viejito y enfermo y me dieron ganas de llorar. No le conozco más que sus libros, y su muerte, si es que llega a pasar antes que la mía, no cambiará el hecho de que Palinuro de México lleva casi 40 años escrito. A estas alturas, en lo que a mí concierne, la existencia de ese señor desconocido debería ser irrelevante, pero no lo es aunque no esté escribiendo nada que me cambie la vida.

El cariño infundado o la empatía que siento por el desconocido me hace el nudo en la garganta. Me pregunto si alguien ajeno llorará por mí, aunque no me sepa de cierto.





miércoles, enero 22, 2014

Prosopagnosia inversa o de cómo parece que siempre estoy fuera de foco


Lo confirmé cuando el barbón ese me dijo que tenía la impresión de conocerme pero no sabía de dónde. Yo recordaba bien su beso insípido, el olor de su barba y hasta las tontas descripciones de sus tatuajes. Yo tengo buena memoria, olvidadizo lector.

Ni siquiera me sentí humillada, porque nadie puede avergonzarse de una condición médica. Padezco prosopagnosia, esa enfermedad que impide reconocer rostros, pero en mi caso es inversa: es mi rostro el impedido para el reconocimiento, o algo así.

Es como si tuviera el aura miope, como si me moviera envuelta en el vapor de un sauna, como si estuviera siempre entre ventanales empañados y sólo pudiera verse desde afuera una silueta menuda con peluca grande.

Ya antes había convivido con incontables "no te reconocí", "no te había visto", "¿eras tú?", y sin saber de mi condición me había sentido indignada por la grosería de mis interlocutores. Pero qué culpa tenían ellos de reaccionar naturalmente ante la extraña versión de mi padecimiento.








miércoles, octubre 23, 2013

El cambio climático contra mi sistema nervioso: la penúltima batalla

Hoy de pronto fue invierno y mi sistema nervioso, como gallina en eclipse, se fue a dormir sin que fuera hora.


Me sobran pretextos para no bañarme. El mejor es "estoy chipil porque nos cortaron el gas".

Berenice deprimida en su jugo.

sábado, septiembre 07, 2013

"Últimamente me enoja mucho todo. Será que estoy en edad de merecer (mi cocol)"

La cita es de Diamandina y está llena de verdad.

Acostumbrada, desde mis años tiernos, a vivir más o menos con gusto de la nostalgia, me agarró muy de sorpresa encontrarme a mis 30 años añorando con verdadera desesperación el pasado. O sea, los viejos tiempos siempre me han parecido los mejores, sobre todo los que no he vivido yo, pero ahora incluso mis viejos tiempos, los que en su momento me parecieron insípidos, son los mejores.
Por ejemplo, la primera vez que vino Coldplay estuvo bien padre. En serio. Era 7 de septiembre de 2003, hace exactamente 10 años. Yo tenía 20, un año de ser activa sexualmente y dos de llegar en coche a la universidad. La vida ya se había puesto medio buena, pero iba a conciertos de Coldplay. No todo había cuajado.
La cosa es que sí estuvo bien padre. No sólo porque tocaron casi puras canciones del Parachutes, el único disco de Coldplay al que está bien visto no hacerle el fuchi, sino porque de verdad estuvo padre. Tan padre estuvo que a Cristina la sacaron cargando unos de seguridad porque la juventud estaba tan "entregada" y efusiva que a la pobre la hicieron vomitar (por aplastamiento, no de emoción), y literalmente la chisparon de la valla de contención. Buenos tiempos.
Y eso pasó en un insípido concierto de la insípida y qué-oso-que-te-guste banda Coldpaly. Léase sin sarcasmo.
Casi 10 años después, con 30 cumplidos, 11 de ser sexualmente activa, 7 de no manejar coche para ir a trabajar, 4 de pagar renta, 2 de pagar hipoteca y 1 y medio de ir con el psiquiatra, fui al concierto de Beach House.
Beach House está bien. Está muy bien. En el universo de los gustos musicales suma puntos gustar de Beach House, y supongo que por eso mucha gente fue a su concierto. Yo particularmente estaba emocionada porque Beach House hace el tipo de canciones emocionales y azotadas que me dan dolor de senos. Me siento más yo cuando escucho a Beach House. Me siento una mezcla entre Nico y Amanda Miguel en azul y morado.
Pero en lugar de chillar y agarrarme las chichis me la pasé diciéndole (en mi cabeza) a la concurrencia que se callara. Yo sé que la música salida de los amplificadores da la sensanción de que ninguna conversación podrá escucharse mientras la banda esté tocando. No es así. Los murmullos se escuchan, el movimiento (el de las platiquitas y los saludos, pues), distrae.
En especial esperaba Other People. Es mi canción favorita porque me hace sentir muy miserable pero llena de amor y me gusta sentirme miserablemente llena de amor. O algo. Cuando Victoria Legrand empezó a cantarla, me preparé para "dejarme ir", que en mi caso es ponerme a llorar, cerrar los ojos y mover la cabeza como pacheco escuchando a Pink Floyd. Pero no. El muchacho alto de adelante, que me permitía ver sólo en cierta posición, no dejaba de hablar con la chica de al lado. Él incluso le daba la espalda al escenario y como la muchacha estaba bajita, tenía que agacharse cada que se decían algo. Lo extraño era que en ningún momento dejaban de bailar, como si muy a lo lejos estuvieran escuchando a la banda por la que probablemente pagaron un boleto de 600 pesos, mínimo. Qué entrada tan cara para escuchar música de fondo, pensé. Y Other People se acabó y mi experiencia estética se fue al carajo y deseé que fuera 2003.
Ay, Berenice, ¿pero para qué les haces caso?
Les dije educadamente que se fueran a platicar afuera y se rieron de mí pues porque quiero mi cocol y yo también me habría reído de mí.
Después de moverme a lugares peores, donde todos hablaban, se saludaban, se empujaban para comprar tragos, se barrían, se elogiaban sus atuendos, se tomaban fotos y todas esas cosas que uno hace en las fiestas, en los antros, en los bares, en las reuniones y sus etcéteras donde no hay unos fulanos enseñando el fruto del sudor de su frente y así, me la pasé entre escuchando a Beach House e imaginando lo que les diría a todos estos jóvenes que no tienen respeto por el trabajo de otros ni por sus mayores y QUIERO MI COCOL.
Caí en su diabólico juego. La banda se convirtió en la música de fondo de mi ira.
Y ya que tal vez nunca tenga la oportunida (ni el valor) de decirle a Mijangos que no importa cuántos sellos independiente saque o qué tan bien se vista, siempre que se la pase hablando en los conciertos como si estuviera en el Black Horse tomándose unas chelas al dos por uno, se va a ver muy mal, pues escribo aquí mi furia contra todos aquellos muchachos y muchachas que van a los conciertos a ver a quién se encuentran, no como en mis tiempos.
Y sí: ¿Qué ganan? ¿Por qué no se van al Rhodesia o al Roy a platicar y a saludarse? Les saldría más barato (o no) y sus outfits serían mucho mejor apreciados porque no hay tanta gente amontanada y no dejan entrar a todos. Se les hace fácil, perso se ven mal, SE VEN MAL *agita los brazos*.
Es en estos caso cuando el uso de la palabra naco no es políticamente incorrecto porque se refiere a personas que con desfachatez y prepotencia le faltan el respeto a otros: no sean nacos, gente. Cállense y pongan atención o no pinches vayan a los conciertos. 











martes, enero 15, 2013

Ya vieja te viniste a hacer pendeja o de como je ne suis pas infâme, je suis une femme

Según yo mi mamá fue la que selló mi destino aquel 20 de noviembre de sabe qué año de principios de los 90 (debió ser 90 o 91) cuando, desde el camellón donde iban caminando los papás que cuidaban a sus retoños que desfilaban en alguna calle de la Jardín Balbuena, me miró con tamaña reprobación por andar risa y risa con mis amiguitas.

Luego se acercó a mí y me dijo que me pusiera seria porque el desfile era cosa seria y que qué loca era yo.

Me sentí profundamente avergonzada y comencé a entender, a mis escasos siete años, que había una Berenice que Berenice poco o nada podía controlar, la misma Berenice que sacaba 5 en conducta, la que le había enseñado sus "pequitas" a unos niños cuando se levantó la blusa con todo y corpiño un año antes de aquel desfile de 20 de Noviembre, la Berenice que muchos años después aventaría contra la pared a un muchacho asustado que no la quiso besar.

Después de entenderme descontrolada, contenido lector, el miedo llegó a ponerle sosiego a esa locura en ciernes que me hacía bailotear en topless aunque no tuviera nada que enseñar. Tenía miedo, contenido lector, a convertirme en esa mujer que mi mamá tanto reprobaba y que en mi confusión era una mezcla entre chavita precoz embarazada con chica fácil que no se da a respetar y mujer audaz que se la sabe todas.

Y habrán sido las adversas circunstancias sociales de mi infancia y adolescencia, entre bullying e inseguridades, o las revistas feministas que mi mamá solía leer para hacerse a la idea de la soledad, o el destino,  pero terminé cumpliendo de alguna manera la condena de mi madre. La locura volvió para darle la bienvenida a la vida adulta, como quien recibe de vuelta a un querido amigo que estuvo ausente por años con una fiesta que dura días.

Y déjeme decirle, confundido lector, que esta es una de esas pocas situaciones que se temen y se repudian hasta que se viven. Luego el temor y el repudio se va. Entonces trato de imaginarme qué pensaría aquella Berenice de 8, 11, 14 años acerca de su futura yo. A ninguna niña, creo yo, se le prepara para asumirse como la alocada y errática mujer que no se espera a las segundas citas, que ríe fuerte, que se emborracha sin pudor, que se azota en público y que se enamora de todos los hombres del mundo. Pero son necesarias, ¿qué no?

¿Qué trato de decir? No lo sé.

Que sí soy esa. Y sí está bonito.

Cuando le dije a mi mamá que me haría un tatuaje, hace ya casi tres años, me contestó muy enojada, con la misma mirada feroz con la que había definido todo aquel 20 de noviembre de 1990 o 91, "ya vieja te viniste a hacer pendeja". Ya voy por mi tercer tatuaje. Dirá "Je ne suis pas infâme, je suis une femme". 

Aunque tal vez debería tatuarme el nombre de esta canción. Por aquello de sellar destinos. O sólo por los lols.  







martes, noviembre 06, 2012

Siempre quise ser muy bella



El siguiente texto lo publicaron en el número dedicado a Guapos de la revista PICNIC. Lo hice con fragmentos de entradas que ya existían en mi blog y cositas nuevas. La ilustración es de Ann Ernandez y es una belleza.
 
Siempre he sido una envidiosa discreta porque me enseñaron que la envidia no es cosa sana. Entonces, cada que me encuentro con alguna bonitilla joven y talentosa, me hago como la complacida; como si fuera empatía la que me gana y no la envidia. A veces, en mis mejores momentos, me hago como la indiferente buena ondita.
Con los años la intensidad de la envidia crece, así como el cinismo. Será porque también me enseñaron que no todas las guapas son bonitas, pero todas las bonitas sí son guapas.
A mí algunas veces me dicen guapa, pero nunca, bonita.

*
Cuando Palinuro llegó a la casa, era un gato lleno de pulgas y con apariencia de rata. En su carnet, un veterinario escribió que era de raza “doméstica mexicana”. Un gato callejero, pues.
Una amiga preguntó por qué no había escogido a un güerito de la camada, a uno más bonito.
Apenas podía sostener su cabeza, y sospecho que era medio ciego y medio sordo. Lloraba todo el día y ni sabía decir miau. Mantenerlo vivo fue un milagro que requirió alimentarlo cada cuatro horas con biberón, y sobadas en los genitales con algodón húmedo para que pudiera orinar y defecar. Fue a dar al hospital  deshidratado, hipotérmico y con depresión. Pero sobrevivió.
Comenzó a crecer y a tomar forma de gato. Su pelaje gris nunca se oscureció como me lo habían prometido. Palinuro seguía luciendo tan común como cualquier gato vagabundo de ciudad, pero había costado tanto trabajo mantenerlo vivo que hasta lo veíamos guapo. Ayudaba que no fuera un gato arisco y tímido. Nunca pelaba los dientes, a pesar de traernos a punta de mordidas y arañazos.
“Palinuro no es un gato bonito, pero llama la atención. Tiene personalidad”, dijo alguna vez la amiga que en un principio me preguntó por qué no había recogido a alguno más bonito de la camada.
“Es lo que me decía mi mamá cuando era chiquita”, le contesté. “Que no era bonita, pero que llamaba la atención”. Era su manera de prometerme que, cuando fuera grande y conociera gente que se fijara “en mi interior”, encontraría el amor.
Palinuro nunca encontrará el amor porque será esterilizado cuando cumpla el año.

*
La asimetría le gana a mis buenas intenciones, y aun así, paso los días sonriendo como babosa. Mis caderitas de adolescente de bigotito incierto y estéril obsesión por el tamaño de su pene, me dicen que no estoy hecha para la maternidad, y aun así ya tengo el nombre de un hipotético retoño.
Casi siempre ando de buenas y a veces hasta me olvido de preocuparme por ser un macho omega y no uno alfa (porque ya expuse en el párrafo anterior la imposibilidad de ser hembra) y estar destinada al fracaso en eso de la selección natural.
Gracias a dos chick flicks aprendí que mi historia temprana, llena de bullying escolar y amores platónicos, me hizo una mujer con mucha personalidad. Me creció como no me crecieron los senos. Me creció mientras nadie me quería ligar. Me creció en lugar de ese estirón que me prometieron a los ocho años. Me creció hasta el piso y más allá como cabellera de Rapunzel.
Ahora puedo conversar y hasta hago chistes.
No he encontrado el amor como prometió mi madre.

*

Desde que recuerdo he vivido con este prejuicio en la cabeza: siempre quise ser muy bella para no tener que trabajar. O tendría que reformular el deseo: siempre quise ser muy bella para no tener que esforzarme de más.
Cuando fui a entrevistar a ese grupo de muchachas, todas muy bonitas y muy esbeltas con cabellos sanos y cutis tersos, llegué decidida a descargar mi antipatía con preguntas complicadas.
(Me avergüenza ser presa del resentimiento social con tanta facilidad).
Pudieron más sus buenas maneras y su calidez genuina. Las amé con rencor, como se ama a una madre sobreprotectora y dominante. Ellas fueron tan buenas personas que me sentí el personaje antagónico que envidia la belleza y la virtud de la protagonista virginal de cualquier telenovela mexicana.
Para justificar mi vergonzante envidia y la ardorosa culpa que generaba, pensé que ellas eran buenas personas por bonitas: “no hay razón para ser cínico si la vida te trata bien”, me dije.
Me voy a ir al infierno de los que a veces son guapos, cuando se saben arreglar.

*

Evelyn era muy bella y era novia de Aldrin. Aldrin tenía los ojos chiquitos y barros en las mejillas. Aldrin terminó con Evelyn cuando tenían 16 años. Me hice novia de Aldrin porque había sido novio de Evelyn. Amor por asociación.

*

No me gustan las mujeres, no sexualmente. No me gustaría tocarle los senos a otra y no ser yo la que los irguiera orgullosa porque alguien más los ve con lascivia y asombro, aunque sean más bien chicos y sin gracia.
Pero hubiera sido un hombre ejemplar. Creo que ya soy casi un hombre ejemplar, de esos atormentados por la belleza femenina y el amor didáctico, al estilo Horacio Oliveira de Rayuela.
Me sobra el gusto por el vodka con jugo dulzón y me falta una barba rasposa, un pene de medianas dimensiones y un montón de erudición fantoche que me haría atractivísimo. Me sobran personajes y me faltan autores.

*

Años y años me duró un amor platónico por un guapo-guapo. Lo conocí cuando tenía 15 años y le confesé mi amor a los 20. Era alto, de mentón pronunciado, ojos grandes, cejas pobladas y mirada profunda. Era guapo, guapo y lo amaba por guapo porque no podía amarlo por más. No le conocía más que el rostro y el cuerpo y el andar seguro que veía siempre desde lejos.
Antes de cumplir 21 años decidió darme una oportunidad y antes de cumplir los 21 decidió quitármela. Desde entonces no me fijo en guapos-guapos para cosa seria ni para nada. No les tengo confianza.
Todavía no encuentro ni me encuentra el amor.





viernes, octubre 19, 2012

Mujeres golpeadas del alma o de cómo este es un post a la Carrie Bradshaw porque ya tengo casi 30 y YOLO

Hace algunos días olvidé en la casa de un muchacho un muy querido anillo. Es de plástico, me costó 13 euros y es perfectamente olvidable, pero era uno de los recuerdos de mi viaje a España y-tenía-un-gran-valor-sentimental y blah blah blah.
El anillo lo olvidé por un auténtico descuido -de verdad- , que en su momento me pareció afortunadísimo porque el muchacho me gustaba y era un pretexto fortuito para volverlo a ver. (Tengo 29, pero en las cuestiones del romance me manejo como una adolescente atrabancada de 15 y casi siempre la cago).
El anillo se le perdió. Y no lo culpo. Yo olvidé mi preciada pertenencia en casa de un desconocido. Mi responsabilidad. Pero me sentí profundamente ofendida por "la falta de delicadeza" porque no sólo perdió el anillo; parecía no importarle haber perdido la preciada pertenencia de alguien, por más desconocida que fuera. O sea, nomás tenía que dejarlo donde lo olvidé, o por lo menos avisarme que lo había perdido antes de darme la vuelta en busca del anillo. Puro drama, pues.
"Otro patán", pensé. "Otro patán con el que me encuentro en mi reducido mundito de la Roma-Condesa", pensé más. "Otro patán que atraje con mi imán de patanes", repensé.
Y fue ese último pensamiento el que me dejó fría. Bueno, digamos que tibia entre mis calurosas emociones. "Otro patán que atraje con mi imán de patanes". Tengo un imán de patanes activado, un ojo clínico para la patanería, ¿un gusto malsano por el maltrato? "Soy una mujer golpeada del alma", concluí.
Yo soy de esas mujercitas que se toma muy en serio lo de SOMOS MUCHAS LAS MUJERES TRABAJANDO PARA TODAS LAS DEMÁS. Crecí leyendo Fem y a Rosario Castellanos. Ni por error le digo a otra mujer puta o zorra y jamás culpo al género por la falta de destreza al volante. Si en teoría no me dejaría tocar NIPORELPÉTALODEUNAROSA, ¿cómo así que siempre me meto en situaciones tristísimas en las que de una u otra manera salgo medio humillada?

Ejemplo 1:
--¿Quieres ir a cenar?
--No, ya comí.

Ejemplo 2:
--Vamos al cine, ¿no?
--No puedo, tengo planes sexys.

Mujer golpeada del alma, les digo.  Mujeres que gustan de situaciones masoquistas a pesar de su espíritu independiente y aventado, tal vez como consecuencia de pensar que tienen la obligación de tener un espíritu independiente y aventado, entonces siempre deben estar frescas y relajadas como si las actitudes desdeñosas de tipos descuidados no les afectaran porque no les deben afectar porque qué oso clavarse en cosas que mujercitas normales se clavan*toma aire*.

Luegoentonces, psicólogos y sociólogos, sáquense el concepto y estúdienlo con seriedad para que las chick flicks apliquen sus enseñanzas y sean útiles para las mujercitas confundidas y atrabancadas como yo.

Será por eso que mi personaje favorito de Girls es Adam: patanazo. Un hombre solitario y complejo, rebelde sin causa y la mamada que trata de la verga a Hannah, pero no. O sea.

Hannah lo puede explicar mejor que yo:



"And it makes me feel stupid and pathetic to get a picture of your dick that I know was meant for someone else, and you didn't even bother to explain because I made you think you don't have to explain... And it makes me feel very stupid to tell you this because it makes me sound like a girl who wants to, like, go to brunch, and I really don't want to go to brunch..."

Ouch.





Update: ya apareció el anillo. Eso no cambia nada. 




martes, octubre 09, 2012

Mi culpa es por no entenderle al arte contemporáneo o de cómo Lucía Rivadeneyra lo puede explicar mejor que yo


Intelectual
La dejó
porque su manos
nunca habían
cargado una novela
porque sus piernas
jamás siguieron
el camino de un cuento
porque su boca
no tuvo sabor a poemas
y porque
hacía teatro al aire libre
donde la conoció.

lunes, octubre 08, 2012

Con todos menos conmigo o de cómo cada que me bajo del taxi le digo hasta luego al taxista aunque sé que no lo volveré a ver


Cada que me bajo de un taxi le digo amablemente al taxista "hasta luego" con la certeza de que nunca más lo volveré a ver. Cada que lo hago me repito en silencio que no lo haré la próxima vez, que es una mentira gratuita que podría ahorrarme con un simple "gracias".
Y no es que me importe mucho economizar mis palabras, pero es un recordatorio de esos muchos "hasta luego" y "nos vemos" y besos de despedida que he dicho y que he dado con la certeza de que son los últimos.
No me gustan las despedidas, a menos de que vengan con la promesa de un reencuentro.

Así debió sentirse la chica a la que le cantan esa de Con todos menos conmigo. Por eso andaba de loca buscando el amor con todos menos con él. O sabe.




lunes, septiembre 17, 2012

El chisme


Cuéntame un chisme, le pidió a su amigo el más joven. La pobre no se daba cuenta de que ella era el chisme.
Se volvió loca sin tragedia y la gente lo platicaba sin entusiasmo para rellenar los huecos de la conversación.
Se volvió loca sin aspaviento, sin siquiera darse cuenta de que se había vuelto loca.
Por eso quería un chisme ajeno, porque no sabía, en su nueva y aburrida locura, que ella era el chisme.

miércoles, junio 20, 2012

El fellow partner perdido (ésta es otra entrada de desamor y esas cosas que me encantan)

Alguna vez me enamoré furtivamente de un gringo cinco años menor que yo. Por todos lados ese asunto estaba mal. Era cinco años menor que yo y era gringo: MAL. Pero lo que estaba peor es que a él le gustaba el hip hop y a mí no; no leía ni un carajo y yo sí; no hablaba ni pitos de español y yo con trabajos hablaba inglés. La cosa terminó trágicamente: le dije que seguía enamorada de mi ex novio y que no iba a prosperar. Se regresó al gringo y fin.
Dos años después volvió. Le conté que estaba a punto de mudarme con mi -en ese entonces- novio, el mismo por el que años atrás le había roto el corazón (era un culebrón mi vida en esos tiempos). Cuando me preguntó a qué se dedicaba, le dije que era redactor. Y entonces, con una resignación casi vergonzosa, me dijo "he's a writer, he's your fellow partner".

En español fellow es compañero, pero su significado va más allá del compañerismo: implica camaradería, empatía, afinidad.

Y quién sabe si en ese entonces todavía existiera todo eso en mi pobrecita y ya moribunda ex relación, pero se sentían con fuerza los celos de mi amigo el gringo, no por mí, sino por el fellow. Yo compartía con aquel cosas que jamás podría compartir con él. Y ahhh, como hiere eso al ego.

¿A dónde voy con todo esto?

No sé. A que estuve stalkeando sus redes sociales, imposible lector, y me descubrí sintiendo esos celos, no por usted, sino por esas cosas muy personales que no podría compartir con otra persona más que con quien las comparte.

Supongo que a esto le llaman soledad. Y ahora sí denme mi cocol porque me la mamé.






Broadcast también me recuerda a mí.

domingo, junio 03, 2012

No lloren por mí, yo ya estoy gorda

Contaba hace varios meses, en uno de esos intentos flojos por revivir el blog, que andaba yo padeciendo a la modernidad como cualquier hijo de vecino: con una enfermedad emocional.

Yo, que consideraba de gente pudiente buscarse tiempo para encontrarse a sí misma y esas mamadas, me descubrí perdidísima en una angustia laberíntica y boscosa.

Pos total que siempre sí necesitaba encontrarme a mí  misma y que siempre sí era propensa a padecer esas cosas que mis abuelos ni pelaban porque no tenían tiempo.


Y todo bien, porque como buena hija de madre trabajadora, que a su vez es hija de padre campesino y terco, fui educada para aguantar, aguantar y aguantar. Y aguanté.

Además de a la Berenice cuerda, anduve buscando muchas cosas más que me ayudaran a encontrarla, y encontré esto, mientras leía chismes amororos del rock noventero:

"Yeah, it almost seems like your twenties is about having everything you ever thought was true proved wrong. And I think that's why so many people kill themselves at 27. You just can't take any more of finding out how wrong you were! And then, by the time you reach your early thirties, you find out that it doesn't really matter, because it all keeps going on and what you think about it is not really that important. It's just a matter of trying to make some sense of the small things. Stop trying to control everything and let it happen. Also, your ambitions change, become less to do with trophies, I think."

La cita no es de algún libro de Nick Hornby ni cerca; es de una entrevista que le hicieron a Justine Frischmann, la de Elástica, la que anduvo con Damon Albarn. Y pues me tranquilizó, tanto como me tranquilizó la resignación de Melancolía (¿ya la vio, nuevecito lector? Es una película maravillosa).

Pero no crea, pesimista lector, que soy una optimista. Engordé un chingo, porque así es la enfermadad. Y todo mal.

viernes, junio 01, 2012

Melcocha y Barata y Zombies

Fíjese, lector a secas, que no quiero ser pesimista ni echarme muchos más años de los que tengo, pero es que blogspot no me está ayudando.

Me dio un no sé qué por revivir este su blog y nutrirlo con mis nuevas experiencias de mujer vivida y viajada y medicada para los nervios (ya se veía venir), pero lo que solía ser una página amigable y facilita se ha convertido en una novia del mal que cada dos minutos sale con reclamos y errores que no entiendo.

Ni si quiera pude cambiar mi foto para que viera usted que no soy la misma medio descalza.

Mi blog es un zombie con los sesos de fuera. Por el momento.





miércoles, octubre 19, 2011

Ya me alcanzó la modernidad o algo

Hace años, querido lector, cuando este blog era un señor blog y no las migajas de bolillo duro que es hoy, la concurrencia solía tacharme despectivamente de "posmoderna". Nunca entendí ni por qué del insulto ni el insulto en sí.

Luego pasaron los años y me descubrí una noche atacando mis ensoñaciones de duerme-vela por varias, varias horas. De eso se debe tratar la modernidad y la posmodernidad y la hipermodernidad, de hacerle shu-shu a las ansiedades que salieron de la nada y que no dejan dormir a uno.

Gulp.


Ni siquiera esperé a llegar a los 30. Qué oso, goey.


En mis tiempos de mis vidas pasadas a la gente no le daban estas enfermedades modernas.

sábado, diciembre 18, 2010

Del empacho

Y así. Uno se empacha a punta de abuso, de cansancio.

Lo bueno de repetir una canción hasta la náusea, es que a la vigésima séptima vez, ya no sabe a nada.


O sí.

domingo, noviembre 07, 2010

¿Qué tiene tumblr que no tengas tú?

Ayer y hoy fui al cine empeñada en ver una película de amor y fantasmas que me hiciera chillar. No tuve suerte.
Logré, anoche, dormirme durante una película silente. Logré, hoy, gastar 55 pesos de taxi en vano. En ambos días no alcancé boleto para la película que quería ver.
Y entonces, de regreso a mi casa, derrotada y friolenta, se me ocurrió, congelado lector, que así era esto del amor: días seguidos de ir al cine y encontrar la función agotada. Mañana iré nuevamente, y así, y así, y así.

Los tiempos han cambiado y, en mi caso, los viejos tiempos siempre serán los mejores, aunque ahora, gracias a mis flexiones, tengo un poco más de trasero.

¿Qué dice usted, ausente, me cambio a tumblr? Que dicen que está más bonito.

lunes, agosto 09, 2010

Cauterizada y aséptica

Yo tengo una teoría: así como los niñitos graciosos se ponen bien feos en la pubertad; las muchachas con gracia se amustian con los años.

Lo digo, piadoso lector, porque soy un caso comprobado.

Buscando no sé qué en una de mis cajitas de los recuerdos, encontré las hojitas sueltas que escribía yo, muy angustiada y -al aprecer- excitada, en alguna clase de metodología de la investigación científica, o una de esas que pasé de noche

Decía yo, angustiada y excitada, que me carcome y me pica como infección en la vagina. El amor.

Me di envidia, porque ni borracha ni en cólico se me ocurriría ahora hacer una comparación de ese calibre. No sé usted, cochinote lector, pero a mí me parece de lo más tierno.

Me amustié como licor reposado, y no sé si fue por los años o porque al final un fulano sí me peló y se llevó las angustias y las agitaciones.

Porque esa es la otra teoría: la oxitocina nos anestesia.

O pregúntele a Chris Martin que hace música bien fea desde que está enamorado.

martes, julio 06, 2010

Bendito dios que google recuerda mi contraseña o de cómo este blog debería llamarse Las Crónicas del Cólico

Y sí, estoy en cólico, el cólico inmenso que me vino después de meses y meses de amenorrea verbal (¡Ohhhh!).

Y le voy a explicar el silencio, o mejor no, porque el silencio se lo explico cada que los estrógenos me recuerdan que usted, desconocido lector, puede seguir por ahí esperando a que yo tenga una ocurrencia, y hoy quiero parecer original.

Fíjese que me compré una cama grande y un tapete peludo y un sofá horroroso y una tele que la pagaré a destajo.

Fíjese que me fui a vivir a una colonia bonita (porque lo resentida social no se quita con lo años), y me bañé con agua fría cuando se acabó el gas, y maté a los amosquitos que me picaron en la madrugada, y corrí a los colados que no se querían ir de mi fiesta, y le abrí la puerta al novio a las 4 de la mañana.

Fíjese que he visto muchas prostitutas en Insurgentes y que todos los días paso por el edifico donde viví el primer mes de mi vida.

lunes, febrero 15, 2010

Con la novedad

No mame, respetable lector, creo que ahora sí ya llegué a mi límite emo, acá machín.
Ha sido tanto que mi suetersote rojo huele como a sebo, baba, chocolate y perfumito de lo mucho que lo uso para abrigar mis encierros hogareños que no quieren ceder.
Se trató de una tragedia ajena que con los días se salió de foco. Ahora ya ni la pienso tanto, pero dejó una humedad pesada que mantiene las sábanas pegajosas y el pelo crispado.
Me gustaría quitarme el suéter y meterlo en la lavadora, pero me da frío. Además, mi coche no tiene el espejo derecho. Así qué chiste tiene salir.

viernes, enero 15, 2010

No hay éxito. No hay.

Yo soy como usted, compulsivo lector. Yo también me enajeno hasta el hartazgo con lo que me gusta mucho, aunque el mucho no sea tanto.

Y estoy acostumbrada a sufrir de muchos tipos de empacho: el empacho de la avena sabor fresas con crema, el empacho de los platanitos con salsa valentina, el empacho del agua de melón, el empacho de la canción que una fulana que no me conoce compuso a mi medida, el empacho de "je ne suis pas infame, je suis une femme", el empacho de aquel pobre narratario, el empacho de acosar a mi pobre novio.

Luego el empacho (que se siente unas veces como si la cabeza me pesara cinco kilos de más y otras, como si el pecho se me saliera por la garganta) se calma, pero siempre me vuelve, porque en el fondo soy una mujer de rutinas y bien disciplinada.

Ahhh... si tuviera esa disciplina para enajenarme con los proyectos que me harían una mujer mejor, de esas envidiables que no se enamoran de publicistas ingenuos o de músicos ignorantes, sino de artistas sensiblísimos y maduros que ganan premios y dirigen festivales culturales de "gran envergadura" o de mediana, pero culturales al fin.

Será que me está dando el empacho de la baquetonería y en unos meses me dará el empacho de la autocompadecencia.

También me da el empacho de sexo, pero de ese no hablo porque no quiero alardear.


Y por cierto, perdido lector, este post ni iba a ser de esto, pero así le dio la gana salir. ¿No le digo? Pura falta de disciplina para lo que sí importa.





Pero vamos de gane: no escribí en cólico.

De la tragedia

Y con todo, yo sigo pegando los mocos abajo de la silla.
Será que ha sido un día largo, adormilado lector.
Quisiera contarle de esas cosas de las que cuento cuando ando en medio de un cólico o en plena borrachera. Pero la verdad es que en estos tiempos de tragedia me da pena hablar de cualquiera que sea la cosa.
Tampoco quiero hablar de la tragedia, porque mi resentimiento social me hace sentir incómoda, fuera de lugar, como si quisiera aleccionarlo a la vista de todos, consciente lector. Como si quisiera enseñarle que yo también me entero, y que yo también me conmuevo. ¿Ya ve? Es inevitable.
Será que estoy siendo políticamente correcta.

Y a propósito de, vaya a leer este post.


Luego nos conmovemos juntos, por todo junto.

miércoles, diciembre 16, 2009

Hace frío y yo tan flaca

Eso ya no es del todo cierto. Los años empiezan a cobrarme la factura, y aquello de lo que me sentía segura, tan segura, me desconoce y me deja unas lonjas (longas) crecientes en la espalda baja.
La verdad sí me asusta, ausente lector. Pensé que el metabolismo, ése que parecía tan trabajador, tan apurado, tan ocupado, y que ahora se dio a la pereza, sería mi amigo toda la vida.
El cuento del cuerpo en engorda viene porque tengo que pensar en una lista de 50 discos, los mejores de la década. Y entonces caigo en la cuenta de que han pasado 10 años. Los primeros –mis primeros– 10 años de vida completamente consciente. Antes todo fue un propedéutico aburrido que cursé con desnutrición y anemia, cabeceando de tanto en tanto.

¿Le parezco exagerada, friolento lector?

Déjese de eso y ayúdeme a pensar en esos 50 discos de la década. Mi problema es que mis discos de la década son de todos los años. Soy unarománticasinremedio. ¿Ya lo notó?

¿Qué cree, aburrido lector? Que ya tengo el twitter y eso. La verdad es que no me sale. Me pone insegura y me dan sudores y espamos por no saber qué escribir y con qué frecuencia. Todo fuera como este blog resignado y mandilón. Ay, es que aquí se respira a encerrado.

miércoles, octubre 21, 2009

Hace 10 años tenía 16

Me siento perseguida por una lejana embustera que me estudió con cuidado y ahora la hace de mí mejor que yo. Perr(h)a.

La verdad, somnoliento lector, es que me siento un poco desesperada, un poco aburrida, un poco miedosa y un poco melancólica. Supongo que la paranoia y el recelo son consecuencias naturales.
El problema es que ahora tengo mucho tiempo libre y no sé qué hacer con él. No soy buena estudiante, no soy muy disciplinada, no tengo oficio de casi nada.
Me sale bien eso de la adolescencia tardía, pero con novio formal y con tanta estría en el trasero, de nada me sirve la precocidad sexual (aunque ya tenga 26).

Soy periodista. Eso sí soy.

Veremos qué pasa cuando me compre esa máquina elíptica a la que tantas ganas le tengo. Se rumora que los años no se me van a notar, que me van a pelar en esa revista que tantos topes me ha dado en cabeza, y que eventualmente me voy a volver muy bella para tener tiempo libre de sobra sin remordimientos.

martes, septiembre 22, 2009

Un tiempito para respirar

Me gustaría contarle, desvelado lector, sobre arrumacos suaves o duros o campechanos. Me guastaría contarle que cumplí 32 y que me hice madre de una niñita de pelo largo. Me gustaría con todo eso que el tiempo pasara veloz, porque ya sé que andaré con esos relatos en la cabeza apenas pasen unos pocos años.
Hoy no tengo tiempo. Y mañana tampoco lo tendré.
Esta noche le tengo que resumir los hechos como si me anduviera haciendo del baño: renuncié a mi trabajo; lloré hasta que me ardieron los ojos; no me despedí con decencia; extraño mi antigua esclavitud; me emociona la nueva.
Ojalá los muchos narratarios, las nuevas narratarias, se dieran una vuelta y se enteraran: tanto los quise y tanto los quiero. ¿Sabrán que la narradora las anda pensando?
Debería decirle que la incertidumbre me emociona, pero la verdad es que, como el 80 por ciento de las entradas de Melcocha Barata, este post está inspirado en el cólico, así que más que emocionada me siento hormonal.
Pero ya veremos mañana cuando los senos no me duelan como a embarzada y haya descubierto cómo es que se le habla a escuincles de entre 13 y 18 años. Alguna vez le supe hablar a un chavillo de 20, pero era en inglés. No cuenta.

lunes, septiembre 14, 2009

Moriré desconocida

Hoy supe de cierto que famosa no seré. Que después de muerta, salvo unos cuantos, me recordarán en anécdotas, hasta que los últimos contemporáneos, los últimos que me llegaron a conocer, se mueran también y no quede nada de mí en la cabeza de algún fulano.

Sí, se me retuercen las tripas. Qué le voy a hacer.

martes, agosto 04, 2009

La gripa y la obsesión

Antes de que otro año pase me he dispuesto a cuidar lo que me queda del cuerpo de antes. No sé con qué fin. Ando tan cómoda que parece que ya no hace falta el esfuerzo. A veces ya ni es necesario decir palabra.
Luego me siento muy joven para eso.
Luego me veo las estrías y me doy cuenta de que estoy a punto de cumplir 26.







Tengo gripa pero no me ha dado ni fiebre ni vómito ni dolor de cabeza, sólo náuseas por tragarme los mocos cuando no hay papel.
Ya mero es mi cumpleaños ¿quién dice yo para organizarme una fiesta sorpresa?

domingo, julio 26, 2009

Desperfumada

Ando leyendo un libro que me trae muy peturbada. No voy a decir cuál porque me da pena que se entere de que apenas me decidí a leerlo y que además me pone melancólica todas las noches justo antes de dormir.
Anoche fue el colmo. Llegué muy cansada a mi casa después de una kilométrica excursión a Atizapán. Antes de alistarme para salir decidí leer y dormir un poco. Cuando desperté el desgano y la modorra me pesaban más que cuando uno tiene que despertar tan temprano que aún es madrugada.
A tomar mi perfume iba cuando nomás lo tiré. Y me ha pasado millones de veces desde que uso ese perfume hace ya varios años, pero fue anoche que a la botella dura le dio la gana no aguantar el golpe y se rompió.
Lo vi todo sin perder detalle. Primero se partió a la mitad y luego la parte de abajo, en muchos cachitos. El perfume hizo un charquito. Y me le quedé viendo mientras pensaba qué aquello era una señal.

Luego recordé que estaba nuevo y que me había costado muy caro.

Desde anoche toda mi casa huele al perfume. Fue tanto el olor que no pude dormir en mi cuarto. Y a saber qué habré soñado, pero como si fuera una de las locas ésas del libro que estoy leyendo, desperté llorando copiosamente. Debe ser el olor del perfume que de tan fuerte ni nos acostumbramos.

Si gusta cooperarse para comprarme una nueva botella de perfume, yo se lo agradeceré, amable lector. Si me conoce ya sabe de qué le hablo.

jueves, julio 23, 2009

Yo tengo. Personalidad. Personalidad.

Mi celular dice que hoy caminé casi 11 kilómetros. Tengo uno de esos aparatos que a falta de todo lo interesante cuenta los pasos.
13 mil 192 pasos y nadie me cree.
Sólo espero que eventualmente el trasero se me ponga duro y el esfuerzo valga la pena.
Ya no estoy hablando de los pasos. No de esos.



Gracias a dos chick flicks aprendí que mi historia temprana me hizo una mujer con mucha personalidad. Me creció como no me crecieron los senos. Me creció mientras nadie me quería ligar.
Ahora puedo conversar y hasta hago chistes.

miércoles, julio 15, 2009

Otra boda, por favor

Siempre he querido ir a una de esas bodas donde la gente se pone señoras pedas y baila y llora y se abraza. Siempre he querido ir a una boda, aunque el jolgorio sea más bien moderado y no haya tanto llanto ni tanta peda. Con que sea boda me basta: la boda de un fulano con una sutana donde me pueda tomar la foto del recuerdo y me sienta, por fin, uno de los cuates de Hugh Grant.
La evidencia me dice que me voy a quedar con las ganas. Que no tengo tantos amigos y que los míos no se van a casar. Que la boda de Luis Ricardo era mi último chance.
Hace como un mes me ganó el incosciente por culpa de la peda. Después de beber tres esplendores en la hierba y ya de camino a mi casa le puse al muchacho, que ya se dice honrorsamente mi novio, "canciones de boda".
No me malentienda, malvibroso lector. Yo nomás quiero ponerme una de esas pedas, porque durante la única boda a la que he ido aparentemente no hice otra cosa más que lloriquear y atravesarme en las fotos.
*Me contaron que la boda del querido Luis Ricardo fue una monada. Debió serlo con tan bonita invitación y con tan chulo novio.

martes, julio 07, 2009

Mi ganglio y yo

Se me inflamó un ganglio y me lo fui a cortar. Así de campante, como quien se corta un padrastro a mordidas.
Un doctor inexperto me abrió la boca con metales que sabían amargo y casi me hacen vomitar.

Eso pasó hace casi un mes.

Y del ganglio no sé nada pero siento que lo extraño.

viernes, junio 26, 2009

Melcocha Barata al servicio de la comunidad o de cómo no entiendo algunas formas de manifestación ciudadana en agitación política

Me va a disculpar la soberbia, aburrido lector, pero yo creo que esa neurosis mía es una rasgo encantador.
Lástima que para alcanzar esa adorable histeria a la Bridget Jones, me tuve que aguantar tantos pinches años de bullying implacable por parte de mis insensibles compañeros de escuela.
Y no quiero matarlo de aburrimiento, desinteresado lector, con otra más de mis historias de autocompadecencia, pero hoy me puse a agradecerle al tiempo que nací en el 83 y no en el 90. De haber nacido siete años después me habría tocado chismógrafo por internet; muy pocos contactos en el messenger; uno que otro insulto en Hi5 y, con suerte, un grupo en Facebook donde se hablara abiertamente del odio hacia mí. Humillación a gran escala.
Afortunadamente el bullying no pasó de apodos malvados, burlas en grupo, y claro, comentarios hostiles en el chismógrafo de papel. Nadie me arrojó sangre de cerdo en la cabeza.

Hoy me topé con ese grupo infame de Facebook, el del odio a la niña del PRD.
Y es infame no porque yo tenga simpatía por ese partido, sino porque en ese afán de guasa chacotera, han salido insultos filosísimos en contra de esa chavita, de su aspecto, de su nombre, de su origen, de su forma de hablar. Los leí. Como si el 3°B o el 4°A se hubiera multiplicado en 187 mil 264 alumnos señalándola y poniéndole apodos ruines.
No voy a discutir la bajeza de las campañas electorales, ni el descontento y el hastío de la gente. Sólo pienso, en mi lógica cursi y melcochosa, que todos esos fans, sobre todo los que han comentado acerca de su físico, de su nombre, de su forma de hablar, son lo suficientemente mayores para imaginar que esa chavita, que no es una animación hecha para la televisión, debe estar en algún lado enterándose del asunto y resintiéndolo sin entender por qué la insultan si sólo interpretó un papel en propaganda política.
Supongo que a su mamá nomás le queda decirle "no les hagas caso, mijita".

viernes, junio 05, 2009

2004

La memoria me falla. La nitidez de los recuerdos me dice que quién sabe qué chingados estuve haciendo antes del 2004.
Será que me da pena acordarme. Será que cuando me acuerdo pego unos gritotes de todos tamaños y me río y me rasco y me doy de palamaditas en el muslo derecho.
Hoy me acordé a punta de chingadazos. Vivía unos tamaños tormentos de esos que son drama calibre chingatumadre. Muy bonitos, muy patéticos.
Ahora las cosas son de una tranquilidad envidiable y parece que en el drama se me fue la gracia.

Un fulano se quejó de mí por intensa. Y eso que me dijo que sí en 2004.

sábado, mayo 09, 2009

¿Quién se acuerda de mí?

Pasé el día googleando a hombres ingratos. Luego, para no sentirme tan ardida, me googleé.

Me gustaría contarle que encontré maravillas.

Y escuché la canción, del disco que no sabía que tenía, porque un gringo buenagente lo había subido al ipod sin que yo me diera cuenta, y me acordé de mucha gente. De gente enamorada.

Luego le hablé a Tamara y le dije que debía regalar ese disco... por ahí.

lunes, mayo 04, 2009

Why don't we do it in the road?

Ando picándome los ojos a falta de actividad cerebral.

Ayer me agarró la nostalgia cuando leí un reportaje de Marcela Turati. Escribió, como todo periodista respetable en estos días, una sentida investigación sobre las víctimas de la influenza. Y escribió, como toda Marcela Turati respetabilísima, un llegador e informado reportaje.
¿Ya leyó, enterado lector, a Marcela Turati? Si no la ha leído, deje de andar chismeando por acá y vaya a leerla. Ahorita la puede encontrar en el último número de Proceso.

No le voy a confesar a qué vino todo esto, pero ¿será demasiado tarde reordenarme a los 26?

martes, abril 28, 2009

Suspenderemos las actividades de este blog hasta el 6 de mayo

Ando muy triste, querido lector.
Me dirá frívola, pero ando piense y piense en el acto amatorio en tiempos de alerta sanitaria. Todavía el viernes me sentía segura besuquéandome en la calle al muchacho ése, como si fuera inmune a mis bichos y yo, a los de él. Hoy, ya no.



Oiga, ya sea de chía u horchata, lávese las manos y no se ande picando boca, nariz, ojos y zonas pudendas.

sábado, abril 11, 2009

Negacionista

¿Te conozco?










Ya volví de Cuba.

***

Traigo una furia atorada desde el avión. Unas ganas de deshacer y de darle con el borrador a mucha de mi historia. Ando incluso avergonzada, con los ojos chiquitos y las mejillas calientes, acordándome de eso que nunca debí decir; de esos que nunca debí querer; de aquello que a ese pobre desgraciado le gustaría que no fuera cierto y que a mí me provoca náusea por la mismísima razón.
Suena trágico, pero no lo es. La verdad es que sólo yo recuerdo mis vergüenzas a cada rato. Y cuando lo hago, la voz se me pone ronca, los ojos se me ponen serios, y me llegan 10 años más de chingadazo.
Me gustaría desatorar el asunto y que la negación fuera certeza. Dejarle de dar vueltas y aceptar la ley del hielo como evidencia de eso que después de negarlo tanto "no pasó".
Me caigo mejor cuando digo chistes babosos, así, casi sin querer.
¿Qué? ¿De qué estábamos hablando?

martes, marzo 24, 2009

Caca, culo, pedo, pis

Me caen bien gordos los locutores de radio que hablan mientras la canción todavía suena. Se me hace bien naco e irrespetuoso decir encima de la música pendejadas como "son las ocho con veinticinco en la ciudad de México; escuchas reactor ciento cinco punto siete", como si no estuviera consciente de la pinche estación que puse y no tuviera reloj.
Hoy, mientras se me iba la vida en el eje 4 sur y contaba las decenas de metrobuses que pasaban mientras yo esperaba con el coche caliente, cual Autopista del Sur, a que en el siguiente siga sí pudiera avanzar, trataba de concentrar en el radio mis furias gratuitas contra el gobierno del Distrito Federal, contra los pobrecitos y brutos brutos policías de tránsito, contra el mismísimo Marcelo Ebrard, a ver si por casualidad sonaba algo emocionante que me distrajera de la frustración del tráfico y de la espeluzante conciencia sobre la nula calidad de mi vida.
Y entonces empezó a sonar Cannonball bajito, mientras el irrespetuoso ése decía babosadas como "ojalá los Pixies vengan", alargando su intervención hasta que la voz de la canción apareciera como si lo demás no importara.
Recordé con furia todos esos cassetcitos con recopilaciones mal grabadas que me hacía cuando era niña. Esperaba con el cassete listo a que apereciera ESA canción en la programación de la que fuera estación para darle rec en cuanto empezara a sonar, pero casi siempre empezaba y terminada cortada por las tarugas intervenciones de esos locutorsuchos.
Luego le cambié a Tizano. Ese wey me cae bien.

Ayer me chocaron el coche. Antier me volví a quedar afuera de mi casa y me tuve que trepar por la ventana del baño. Hoy la salsa de las quesadillas estuvo groseramente picosa.

El teporocho de la colonia. Lo ha sido desde que recuerdo. Lleva 20 años teporocheando en Canela, en Resina, en Avena, igualito siempre, con su cartoncito de Bonafina en la bolsa de la chamarra guanga.
Parece indigente porque anda sucio y tirado en la banqueta. Sabrá dios porque su familia no lo mete a su casa. Nomás lo ven, ahí tirado afuera de la tienda de su papá, de las fritangas de sus hermanas, del negocio de los primos, como si fuera uno de los muchos perros callejeros que rondan por ahí y estuviera echando la siesta.
Ni sé cómo se llama. Hoy lo vi, como casi todos los días, y me conté los años.

sábado, marzo 21, 2009

Chupando los alambres del telégrafo

Andamos todos en el mismo mood, somnoliento lector: escarbándonos las legañas y limpiándonos las babas secas de las comisuras de los labios.










Pero no soy yo la que le va explicar nada. Vaya acá y entérese de qué diablos le hablo.

miércoles, marzo 18, 2009

Yo tenía cinco seguidores y ahora sólo me quedan cuatro

La verdad es que he estado deprimidísima sobándome los pies: resulta que los tengo todos chuecos y deformes por cosa de genética. ¿Recuerda, desinteresado lector, que la autora andaba toda emocionadota porque le valía Darwin y sus teorías revolucionarias? Pues ya no. Mi mamá me heredó sus bodrios, que a su vez le heredó mi abuelo. Mala suerte para mí. Sé de cierto que los hombres aman los pies bonitos, de esos aptos para usar con chanclitas coquetas y hacerles cosquillitas en la INTIMIDAD. Yo, básicamente, no me quito los calcetines.
Pero no, no le voy a hablar de eso después de un mes de no susurrarle cochinadas al oído. En realidad, despreciativo lector, no le voy a hablar de nada más. Nomás pasé a hacerme publicidad en este, su desierto blog.

Si fue a alguno de los conciertos de Radiohead; si presenció con pasmo y desconcierto cómo tocaban así medio desganados Creep; si es fan o medio fan, remítase a ESTA PÁGINA para leer anécdotas de su primera visita a México.

lunes, febrero 09, 2009

Fuck for-é-eee-ver o de cómo no soy genéticamente correcta pero tengo buen corazón

La asimetría le gana a mis buenas intenciones, y aun así, paso los días sonriendo como babosa. Mis caderitas de adolescente con bigotito incierto y estéril obsesión por el tamaño de su pene me dicen que no estoy hecha para la maternidad, y aun así ya tengo el nombre de un hipótetico retoño.
Ando de buenas y básicamente me vale madres ser un macho omega (porque ya expuse la imposiblidad de ser hembra) y estar destinada al fracaso en eso de la selección natural.

También ando con una coyuntura de miedo: ni me acordaba del año de Darwin. Puro instinto periodístico.

jueves, enero 29, 2009

Justo hoy se me ocurrió

Andaba hurgando entre mi basura y encontré una foto.












No es de amor; es de shock.

domingo, enero 18, 2009

Bellos y púbicos o de cómo la textura no me deja disfrutar del momento

Esto iba a ser un post triunfal que hablara de la reivindicación de mi autoestima y de cómo mi madre tenía razón al decirme durante toda mi niñez y adolescencia: "Berita, se van a fijar en ti cuando tengas 20", para consolarme de todas las burlas y los amores platónicos, siempre imposibles, que no me dejaron tener una adolescencia sana llena de borracheras fugaces, babas y fajes torpes.
Pero entonces, el recuerdo del triunfo me provocó más bien náusea, y no una figurativa, de ésas que se dicen cuando uno se enoja, se pone digno y luego mamón. No, fue una náusea física, un mareo repulsivo que me vino desde el estómago y me dejó la visión brillante y desenfocada.
Antes de descubrir que no era el pinche vasito de nescafé de máquina el que amenazaba con un ácido gorgoteo, escuché una canción de The Doors. Y entonces supe: así se siente la vergüenza.
La canción me recordó cuando le hacía de mujer fatal en el ático de una casa de madera pegada al Bosque de Tlalpan. Usualmente el soundtrack era The Doors o The Wall de Pink Floyd. No sabía, hasta la náusea de Riders on the Storm, que el recuerdo representaba pura torpeza y decadencia.
Me quedó marcado de por vida: la flacucha figura de Jim Morison siempre me pondrá mareada, sin importar que hasta antes de los 19, disfruté a lo grande de los Doors.
Pinche pavlov automático. Ya me tengo prohibido un buen número de discos, un buen número de lugares un buen número de recuerdos. No vaya ser que lo siguente en lugar de náusea sea convulsión. Todavía no sé cuál es la representación somática de la ira, acá, machín.

Y el triunfo: fue muy al estilo de cenicienta (¡Ja!). Nomás que nadie salió enamorado. Esas son las ventajas de padecer bulying juvenil y luego ponerse medio buena.


La náusea: no tenía nada que hacer ahí. Siento mucho la intromisión, ya me pasé de la raya.