martes, octubre 28, 2008

Una vez soñé con dios

Sigo con la cabeza errada y la hipocondria me infla la panza como a las 6 de la tarde.

Religiosa por temor, como todas las noches se persignó ignorante de por qué lo hacía. Cerró los ojos después de unos cuantos ruegos informales y durmió.
Despertó, en pleno sueño, con la absurda necesidad de hablar con él.
–¿Dios?
–¿Mhhjj? –contestó una voz apacible que venía de su propia almohada.
Con los ojos abiertos ante la oscuridad de su habitación, supo que eso, Dios en su cama, no estaba bien, sobre todo porque millones de personas hambrientas y desprotegidas lo necesitaban a lo largo y ancho del redondito mundo.
¿Qué hacía precisamente en su cama individual (perdiendo el tiempo con dormitadas y quitando espacio para la postura sana)?
–No tienes que estar conmigo, yo estoy bien –le dijo ya con temor y una desconfianza declarada.

Supo que eso, Dios en su cama, no estaba bien. Supo también (y porque él se lo dijo después de tantas) que su omnipresencia hacía inútil cualquier intento de resistencia.
Y entonces supo definitivamente, ya remitida en conclusiones infinisetimales, que esas viejas charadas del bien y el mal eran la pura verdad, y es que las impertinentes mordidas del flaco y verdoso Dios en los huesitos de la pelvis, no eran más que lujuria y perdición.

No era Dios.

8 comentarios:

Love doctor dijo...

Como Sarah Silvermann!!

Anónimo dijo...

Te veías muy guapa hoy con tus zapatitos rojos.
Saludos.

Pretencioso y Villamelón. dijo...

Tu dí que fue sexo celestial.

sirako dijo...

yo iba a comentar lo mismo que los otros tres.

ah no.

Anónimo dijo...

oye, que buen texto.

Relax dijo...

Dios por un momento al menos.

Erick dijo...

Dios? Era puro delirio...

servicionocturno dijo...

el único texto que conozco de la escritora canadiense gloria sawai se llama "el día que me senté con jesucristo en la terraza y sopló el viento y me abrió el kimono y el me vio los senos" y tu post, escrito con mucho encanto, me lo recordó. saludos.